Llamado a los ingenieros

Publicado el Miércoles 21, Septiembre 2016

Mi formación de ingeniero me ayudó a pensar de manera ordenada, racional, a analizar los desafíos e identificar fórmulas para resolverlos. Me enseñó a cuantificar, diseñar, hacer un buen diagnóstico y realizar proyectos viables…

Al agradecer el premio nacional  del Colegio de Ingenieros 2016, otorgado esta vez a un ingeniero civil dedicado a la política, me pregunté cómo me ayudó la ingeniería a desempeñarme en la vida pública y qué lecciones podrían servir a  los ingenieros dispuestos a comprometerse a la solución de los retos futuros.

Mi formación de ingeniero me ayudó a pensar de manera ordenada, racional, a analizar los desafíos e identificar fórmulas para resolverlos. Me enseñó a cuantificar, diseñar, hacer un buen diagnóstico y realizar proyectos viables. Y, muy importante en política, me adiestró para resolver problemas, no a crear problemas.

Pero confieso que también esa formación me puso límites. Para abordar los temas de la sociedad chilena, necesité aprender ciencias sociales, economía, política, historia y también adquirir habilidad para hablar y escribir, explicar y persuadir. Así lo necesité en el Senado para estudiar y votar los temas más variados.

La formación de ingeniero y mis estudios  de posgrado me ayudaron como ministro de minería y, décadas más tarde, de educación. En educación emprendimos grandes reformas y las implementamos teniendo en vista su  viabilidad técnica y política. Reforzamos el aprendizaje  de matemática y lectura, aprobamos en el Congreso la evaluación de los profesores y la acreditación de las universidades, ampliamos el acceso a los jóvenes de menores ingresos. Y para ello buscamos el respaldo de la comunidad.

Mi labor como ministro de OOPP también tuvo una estrecha relación con la política. Preparamos planes de infraestructura y programas de construcción de puentes. En política siempre he hecho un esfuerzo por construir puentes. Mi experiencia me ha enseñado que lo que perdura debe ser construido por mayorías, priorizando a  los más vulnerables. Para lograr  frutos es vital interconectar y alcanzar acuerdos. Construir  puentes es una misión esencial de la buena política, para incluir y cohesionar  a una sociedad crecientemente diversa, a ratos fragmentada.

De la hidráulica, mi especialidad originaria, aprendí a respetar la fuerza de las aguas, su curso y su flujo, entendí la necesidad de encauzarlas a tiempo para evitar inundaciones y desastres, y a ejecutar bien las obras para prevenir daños innecesarios. El agua se asemeja a las fuerzas sociales.

La política no concierne solo a la tarea electoral o de gobierno. Se puede concurrir de distintos modos y desde diferentes escenarios. Cada una y cada uno puede lograr progresos que beneficien a otros, por pequeños que sean. Se trata de pensar Chile, mejorar las políticas públicas con análisis rigurosos, definir  estándares, evaluar resultados, estudiar los nuevos temas, difundir ideas y propuestas.

Los ingenieros poseemos menos disposición a la cosa pública que otras profesiones. Eso debe cambiar. La calidad de la democracia  se eleva cuando se involucran los y las mejores. Chile necesita hoy una nueva estrategia de desarrollo. El Colegio de Ingenieros ha sido pionero con su Proyecto País.  Es esencial diversificar  la estructura productiva, elevar la capacidad de innovar y mejorar la gestión pública y privada. Chile está atrasado. La baja de los precios del cobre nos sacude, la mayor productividad de los asiáticos nos distancia. Acelerar la digitalización, la energía solar, la minería y sus servicios, la agricultura y la biotecnología, dar  saltos en infraestructura son todas áreas donde cabe una gran contribución de ingenieros y técnicos. Las llamadas tecnologías disruptivas sacudirán el mundo y cambiarán las relaciones humanas. Las innovaciones son cada vez más apremiantes y requerirán de un mayor esfuerzo desde la ingeniería, junto a otras disciplinas.

En mí vocación influyó también la educación pública, Instituto Nacional y Universidad de Chile. Hoy, toda universidad, sea pública o privada, debe inculcar los valores éticos, los principios republicanos, la  tolerancia, el respeto mutuo y el compromiso social de los actuales y futuros estudiantes. La excelencia técnica es una exigencia ética.

Las generaciones presentes y venideras están y estarán mucho mejor preparadas, pero también deberán encarar problemas más complejos que los que enfrentarnos hasta ahora. Debemos valorar lo público y alentar la colaboración  entre todos los sectores de la sociedad para alcanzar metas superiores. Los ingenieros pueden y deben aportar más. Participando construiremos un Chile mejor.

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