Después de los tratados de libre comercio, ¿qué hacer?

Publicado el jueves 5, abril 2012

Publicado en El Mercurio

El Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el think tank Cieplan realizaron en Santiago un encuentro internacional para reflexionar sobre los riesgos y oportunidades de las economías latinoamericanas y la chilena en el mundo que viene. Desde 1990, los gobiernos democráticos en Chile optaron por una estrategia de acuerdos de libre comercio que resultó muy exitosa. ¿Qué hacer en la nueva etapa?

Con 21 acuerdos y 58 países hemos conseguido acceder a más del 80% del mercado mundial. Nuestro país fue vanguardia y sacó ventajas por ser el primero. Las negociaciones partieron por América Latina, Estados Unidos y la Unión Europea. En 2000 se adoptó una nueva decisión, que resultó fundamental: volcar los contactos hacia el Asia. Se avanzó con China, Corea del Sur, Japón, India, Nueva Zelandia, Australia, Tailandia, Malasia.
En los tres primeros años de aplicación del tratado de libre comercio con China, al igual que con los demás países, las exportaciones chilenas dieron un salto espectacular, tanto en cobre (a precios constantes) como en otros bienes exportables. Las empresas aumentaron su participación en esos mercados. Se aceleró el crecimiento, se generó más empleo y estimuló el emprendimiento. Mejoró la calidad de los servicios, del transporte, de aduanas y de las tecnologías digitales. También se agilizó la inversión extranjera en Chile y la chilena en el exterior.
Sin embargo, esa ventaja está siendo desafiada por aquellos países que han firmado sus tratados después. El número de productos que exporta Chile es reducido. Con América Latina subsisten trabas. Chile puede perder su posición preferente si no adopta una nueva estrategia.
¿Cuál debe ser nuestra política de cara al 2020?
Aquí esbozo algunas ideas:
– Defender las posiciones adquiridas y concentrarse en introducir nuevos bienes y servicios en esos mismos mercados. Ello exige más innovación, conocimiento preciso de la demanda que surge, aumentos de productividad y asociación con empresas de esos países
– Avanzar en negociaciones con países de Asia Central, África y las naciones árabes del Golfo y ampliar los acuerdos existentes.
– Convenir con países latinoamericanos nuevas políticas de transporte, normas de origen y encarar el neoproteccionismo que parece emerger en la región.
– Incrementar la cooperación científica y tecnológica, contemplada en los tratados ya firmados y que hasta ahora no se ha aprovechado a cabalidad. Impulsar la asociación con centros científicos y tecnológicos de nuestros principales mercados. La expansión de la demanda mundial de alimentos requiere especialización intensa en biotecnología, como también en minerales, energías renovables, manufacturas y servicios.
– Elevar la coordinación entre empresas exportadoras, para resguardar niveles de calidad y sumar recursos para innovar y penetrar mercados gigantes. Hoy, esa cooperación entre empresas, y entre ellas y el Estado, es muy escasa y constituye una vulnerabilidad. Apoyar a las llamadas empresas multilatinas (de origen latinoamericano que se expanden en América Latina). Ellas son un vehículo para lograr más integración regional. Para conseguirlo, Estado y empresas también deben coordinarse mejor, a fin de afianzar a las chilenas afuera y atraer extranjeras a Chile. En Chile ello no ocurre, ni siquiera existen instancias abocadas a esta función.
– Volver a relevar la infraestructura y los servicios. Chile debe posicionarse como país plataforma que conecte Asia y América Latina. La política de puertos y corredores internacionales es esencial. Nos falta una mirada de futuro para poner en marcha proyectos ambiciosos.
– Coordinarse entre países latinoamericanos del Pacífico para ganar mercados en el Asia. Sin coordinación de empresas y gobiernos será difícil alcanzar una dimensión eficiente en países como China e India. Debemos sumar expertos, instalar oficinas conjuntas y realizar programas de promoción unidos. Y rediseñar las prioridades de la Cancillería pensando en el 2030 en vez de en 1990.
– Acelerar el aprendizaje de idiomas, especialmente inglés; así como el entrenamiento de técnicos y profesionales en los mismos países a cuyos mercados deseamos acceder. Ello nos ayudará a conocerlos y a mejorar los vínculos económicos y la inserción económica de Chile en el nuevo mundo que emerge.

Imagen: Diario El Nortino

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