¿Sirve a Chile el régimen semipresidencial?

Publicado el martes 7, febrero 2012

Publicado en elmercurio.com

Sorpresivamente se ha reabierto en Chile la discusión sobre el sistema semipresidencial. Mientras el cambio del sistema electoral es una prioridad compartida por la mayoría y existen propuestas específicas, una modificación del sistema presidencial requiere mucho más análisis.

¿Cuál es la experiencia internacional? El propósito en muchos países ha sido mejorar la democracia, reduciendo el poder presidencial e incorporando elementos del sistema parlamentario.

El régimen semipresidencial es una fórmula intermedia. Se caracteriza por establecer dos autoridades que comparten el Poder Ejecutivo. El Presidente es elegido por voto universal y el Primer Ministro por el Congreso, a propuesta del Presidente, y es responsable ante ese Congreso.

Pueden darse tres situaciones. La mejor (mayoría consolidada) es cuando el Presidente es persona de partido, al igual que el Primer Ministro, y ambos son respaldados por la misma coalición. La segunda y problemática (mayoría dividida) ocurre cuando el Primer Ministro posee mayoría en el Congreso y el Presidente no. Es la llamada “cohabitación”. La tercera y más conflictiva acontece cuando ninguno cuenta con mayoría estable en el Congreso (gobierno de minoría), con negativas consecuencias para el país.

Las dos experiencias prominentes son Francia y Rusia. En Francia el sistema se instauró en la Constitución de 1958, con De Gaulle, dando origen a la Quinta República, y en Rusia, luego del término de la URSS, con la Constitución de 1992, propuesta por Yeltsin.

¿Qué revela la experiencia francesa? Ha operado bien cuando el Presidente dispone de mayoría en el Congreso y de un Primer Ministro de su misma mayoría. Así ocurrió durante buena parte del gobierno del Presidente socialista Mitterrand, salvo cuando debió “cohabitar” con un Primer Ministro de derecha, Chirac. Más tarde, el Presidente Jacques Chirac debió “cohabitar” con un Primer Ministro socialista, Lionel Jospin. El Presidente Sarkozy ha tenido mayoría hasta ahora, y ha controlado el Ejecutivo dejando al Primer Ministro en segundo plano. La “cohabitación” entre Presidente y Primer Ministro de distinto signo político hace perder eficacia gubernamental. Francia incluso rebajó de siete a cinco años el mandato presidencial para morigerar los efectos negativos de una “cohabitación”. En su libro “L’Impasse”, Jospin describe los defectos y se inclina por un régimen presidencial para Francia.

La experiencia rusa ha sido compleja y turbulenta. El país vivió una situación caótica entre 1990 y 2000. El Presidente Yeltsin entró en disputa con la Duma, donde no contaba con mayoría. Sólo después de la reforma del sistema electoral de 2004, cuando se aprobó que los diputados fueran elegidos por lista de partido, con umbral de 7%, el Presidente Putin se impuso en la elección de 2007 y su nuevo partido, Rusia Unida, obtuvo 315 de los 450 diputados. Vladimir Putin gobernó dos periodos (2000-2008), con Dimitri Medvedev como Primer Ministro. Luego se revirtió el orden, Medvedev Presidente y Putin Primer Ministro, durante un mandato, hasta este año 2012. Y ahora seguramente Putin volverá a la Presidencia. Los analistas alertan ante un giro autoritario, en vez de una profundización de la democracia.

¿Y las otras experiencias post comunistas de Europa Oriental? Después de la caída del muro de Berlín, durante la década de los 90 esos países aprobaron nuevas constituciones. Timothy Colton y Cindy Skach, en su artículo “The Parliament of Semipresidencialism”, incluido en el excelente libro “Democracy in Danger”, editado por Alfred Stepan en 2010, analizan con rigor la experiencia rusa y las de Europa Oriental. Allí señalan que, de los ocho países que ingresaron a la Unión Europea en 2004, cumpliendo estrictos requisitos democráticos, cinco eligieron un sistema parlamentario (Hungría, República Checa, Eslovaquia, Estonia y Letonia) y tres uno semipresidencial (Polonia, Lituania y Eslovenia). En Polonia aun se mantiene la discusión de transitar a un sistema parlamentario.

En Chile la discusión recién comienza. Hagámosla con rigor. Mientras ello ocurre, no se debe condicionar la reforma al sistema electoral. Pretender la simultaneidad provocará la postergación del cambio del binominal, con perjuicio para la evolución de la democracia chilena.


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