2019: la hora de una nueva Constitución

Publicado el martes 8, enero 2019

Publicado en La Tercera

Es hora de iniciar la discusión de la nueva Constitución de Chile del siglo XXI, y convenir un nuevo pacto social. Postergar esta discusión conllevaría un riesgo mayor. Las demandas pro derechos y dignidad, el empoderamiento ciudadano, el cambio climático, la disrupción tecnológica y los nuevos empleos, la globalización y sus desigualdades, exigen una mirada nueva. No basta describir los cambios que se aceleran, es indispensable anticiparse. Es vana la ilusión de que se podrá gobernar con procedimientos excluyentes e instituciones verticales.

Los partidos y personas progresistas impulsaron numerosos cambios en el ordenamiento social e institucional. En 1989, después del plebiscito, hubo negociaciones con personeros de la dictadura para modificar la Constitución de 1980, con resultados menguados. En 1996, un grupo de senadores de la Concertación propusimos la primera reforma constitucional mayor. Enfrentamos la frialdad y rechazo de la derecha, al que se sumaron los senadores designados. Un par de años después, por la presión social, la derecha propuso su proyecto alternativo. Solo en 2005, tras 15 años desde el inicio de la democracia, logramos terminar con senadores designados, la inamovilidad de los comandantes en jefe, modificar el Consejo de Seguridad Nacional y el Tribunal Constitucional. Lamentablemente, la derecha logró bloquear el término del sistema electoral binominal. Tuvimos que bregar 25 años para reformarlo, en 2015.

Luego se realizó un proceso de consulta ciudadana y el gobierno de la Presidenta Bachelet envió un proyecto al Congreso en 2018.

¿Tienen hoy los progresistas convicción y fuerza para continuar innovando? ¿Podría ahora el Congreso dar inicio a una reflexión sustantiva, a 30 años del primer cambio a la Constitución de la dictadura? La iniciativa recae en los parlamentarios de oposición, que poseen mayoría en ambas cámaras. No es sensato pretender que esta gran tarea se verifique a través de una seguidilla de pequeños cambios constitucionales, como lo quiere el gobierno actual. Se requieren otras modificaciones importantes: al artículo 19 sobre derechos ciudadanos, a los temas de medioambiente, al reconocimiento constitucional a los pueblos indígenas, a las funciones y organización del Estado para promover la innovación para el desarrollo.

¿Por qué no abordar de manera integral las materias pendientes y aprobar por primera vez una Constitución en democracia? La Constitución es la columna vertebral. En torno a esa meta podemos realizar esa reflexión colectiva de futuro, sin temor. Hacerlo fortalecería la legitimidad del primer Congreso elegido con el nuevo sistema electoral.

El progresismo tiene que salir de su desconcierto y asumir una meta transformadora. Es posible y necesario hacerlo ahora. Las condiciones del mundo y de Chile así lo requieren.