Acusar constitucionalmente y anticipar los efectos

Publicado el jueves 19, diciembre 2019

Publicado en Cooperativa.clEn torno a la acusación constitucional contra el ex Ministro Chadwick, se esgrimieron diversos argumentos para exculparlo: lo ocurrido no dependía de él, lo conozco, es una persona correcta, ya no ejerce, se debilitara la institucionalidad.  ¿Valen estos argumentos? El Senado juzgó la responsabilidad política del acusado, y esos argumentos son subsidiarios.

Ciertamente es duro para quien cree haber cumplido seriamente su función, habiendo sido senador y colega de muchos de los que votaron. Lo entiendo. Pero no se trata de una cuestión personal.

Cuando me acusaron constitucionalmente, años atrás, siempre me quedó la herida y la duda de por qué votaron contra mí tantos amigos.

Era el año 73, yo era ministro de Minería y la acusación junto al entonces ministro de Trabajo, Luis Figueroa, era por la huelga de los mineros de El Teniente. Entonces, para debilitar o derrocar al gobierno de Allende, se acusaba a los ministros con abusiva frecuencia, no contaban los amigos.

La situación era muy distinta a la de hoy. Actualmente, las acusaciones son excepcionales, y solo adquieren viabilidad cuando se refieren  a materias trascendentes de la vida nacional. Con todo, hay algo común en ambos casos: las acusaciones no son una cuestión de amistad ni de las cualidades del acusado.

Se trata de una decisión política, se juzga la responsabilidad de un gobierno frente a hechos esenciales.

En el caso del gobierno de Piñera, Andrés Chadwick era el responsable político de Carabineros, y algunos de sus miembros transgredieron las normas del uso de la fuerza en democracia y violaron los derechos humanos.  

¿Qué lecciones aprender para actuar a futuro? Si bien las acusaciones se encuentran normadas constitucionalmente, no se debe abusar de ese procedimiento y siempre conviene considerar los efectos concomitantes sobre la  endeble estabilidad institucional actual.

El Parlamento  ha conseguido un trascendental acuerdo constitucional, y se debiera avanzar hacia un nuevo pacto social. Ambos pasos estratégicos pueden abrir camino a una transformación sustantiva en los años por venir, con gobernabilidad y respeto al Estado de Derecho. Pero ese camino estará plagado de tensiones y altibajos. Entonces  es esencial que los cambios sociales, económicos y políticos se realicen sin debilitar o fracturar la institucionalidad.

Construir una sociedad cohesionada no solo comporta igualdad económica y acrecentar los bienes materiales, también dependerá de nuestras relaciones humanas.

Por esa razón se debe actuar convocando a todas las organizaciones sociales, y erradicando actitudes agresivas y descalificaciones. No bastan los acuerdos políticos, debemos también mejorar nuestra áspera convivencia, cultivar el respeto mutuo y la preocupación por el otro.

No es más valiente el que agrede y radicaliza, lo es quien trabaja con otros para lograr una mayor justicia, y que esos progresos perduren.

Evitar la polarización es indispensable, la amistad cívica es una condición necesaria. Nos tomará años construir lo nuevo, pero nuestra responsabilidad es crear condiciones, en democracia, para lograrlo.