China-Celac: cómo dar un nuevo impulso a la relación

Publicado el martes 23, enero 2018

Publicado en El Mercurio

China ha irrumpido con fuerza en la región. Como lo señaló el presidente del BID, entre 2000 y 2016, las importaciones latinoamericanas desde Estados Unidos bajaron de 50% a 33%, mientras que las de China subieron de 3% a 18% (las de la UE alcanzan a 13%). Para muchos países, incluyendo a Brasil, Chile, Perú y Uruguay, China es el socio comercial N {+o} 1, y para varios otros es el segundo. Un país como Uruguay exporta más a China que a los Estados Unidos y a la Unión Europea juntos, y que a Argentina y Brasil juntos. En 2017, el comercio entre China y América Latina alcanzó los US$ 266 mil millones.

En este momento promisorio se acaba de realizar en Santiago el II Foro Ministerial Celac-China, con asistencia del canciller chino, Wang Yi; 25 de sus contrapartes de la región y delegaciones de 31 países. El Foro ha culminado en tres declaraciones: la Declaración de Santiago, otra sobre la extensión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta a América Latina y un plan de acción conjunto Celac-China. Sin duda, se han logrado importantes avances y se abren nuevas oportunidades de beneficio mutuo.

Sin embargo, las relaciones de América Latina con China enfrentan a lo menos tres desafíos. Uno es instalar actividades con mayor valor agregado, escapando a la simple exportación de recursos naturales con escaso procesamiento. Solo cinco productos básicos en 2017 -porotos de soya, mineral de hierro, mineral de cobre, cobre refinado y petróleo- representaron el 70% del valor total de los envíos”, informó la Cepal. Otro es la capacidad de la región de actuar de manera concertada, con criterios comunes e intercambio de experiencias. Y el tercero, más reciente, es saber encarar la inquietud geopolítica que parece despertar en la administración Trump el estrechamiento de las relaciones chino-latinoamericanas.

¿Cuál es el camino a seguir?

El futuro dependerá de la capacidad latinoamericana de abordar esos tres desafíos,. y anticiparse para aprovechar las oportunidades que demuestran las tendencias globales en curso. Según algunas proyecciones, Asia representará la mitad del producto mundial en 2050, y su demanda por recursos naturales y alimentos de nuestra región irá in crescendo . América Latina debe encarar el desafío de elevar la producción de alimentos. La cooperación financiera y la inversión directa china es otro factor en expansión, porque China es ya el segundo mayor inversionista en el mundo, con 183 mil millones de dólares en 2016. El aporte chino sería valioso si contribuye a elevar la productividad de nuestros países y a colaborar al financiamiento de proyectos de integración regional y subregional.

Una vía para ello es mejorar el transporte y la logística a través del Pacífico. Otra es la interconexión energética subregional. China ya está invirtiendo en Panamá para expeditar esos flujos comerciales vía Centroamérica. Algo similar se puede realizar desde el Cono Sur, para que los cada vez mayores envíos de soya, hierro y carnes desde países como Argentina, Brasil y Uruguay lleguen a China y al resto del Asia vía puertos chilenos. Un corredor bioceánico que conecte las llanuras del Mato Grosso, las estancias uruguayas y la pampa húmeda argentina con el Pacífico es fundamental. Empresas chinas tienen la capacidad para realizar proyectos de infraestructura y las condiciones para financiarlo. Hacia 2025 se pretende alcanzar un stock de inversión extranjera directa entre ambas partes de 250.000 millones de dólares. En 2017, el stock de inversiones directas chinas en la región alcanzó alrededor de 115.000 millones de dólares, lo que representa un 46% de avance, según Cepal. China, a su vez, debe entender que estos proyectos deberán llevarse a cabo por medio de procedimientos de licitación rigurosos y transparentes.

Para el éxito, los países latinoamericanos deben ser proactivos, recoger el guante que ha lanzado China, pero definiendo prioridades, criterios y programas. Las prioridades deben responder a la necesidad de fortalecer las actividades de mayor tecnología, convenir proyectos de integración y resguardar nuestra autonomía para que seamos los latinoamericanos quienes decidamos sobre nuestros intereses estratégicos.

Sergio Bitar
Jorge Heine

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