El impacto que podría tener la muerte de Bin Laden en EE.UU.

Publicado el jueves 5, mayo 2011

Publicado en El Mercurio


Lo primero ha venido ocurriendo en estos últimos años en EE.UU. De la posición de predominio indiscutido de la cual gozó durante la década de los 90, luego de la caída de la URSS, evolucionó de forma traumática en los años siguientes, debilitándose en 2010 la hegemonía alcanzada en el 2000.

Algunos sectores políticos pensaron que podían contrarrestar esa tendencia con más poder militar, el «hard power», despreciando el «soft power», la fuerza económica, valórica, cultural, las alianzas. El resultado fue negativo y 10 años después los problemas se agravaron.

En 2010-2011 Estados Unidos ha estado afectado por un endeudamiento descomunal, crisis de su sistema financiero, guerras sin destino, debilidad en su educación, capital humano e infraestructura. Estados Unidos asoma con menor capacidad para influir en los procesos de movilización democrática del Medio Oriente, mientras el mundo se torna multipolar con la emergencia de nuevos poderes económicos y políticos.

¿Podría la muerte de Bin Laden generar un ambiente político menos pugnaz y estéril en EE.UU.?

El Presidente Obama prometió, y con tropiezos lo ha venido ejecutando, retirar sus tropas de Irak, reducirlas en Afganistán, cerrar Guantánamo y orientar su acción internacional.

Sus resultados han sido modestos.

El llamado «Tea Party», un grupo poderoso de extrema derecha, ha conseguido dominar al partido republicano. La discusión sobre el presupuesto de 2011, aún no resuelto, alcanzó ribetes de un espectáculo boxístico, con efectos financieros globales que algunos líderes políticos parecen no medir, como ha sido la advertencia de «Standard and Poor», de que la clasificación de los bonos de la deuda norteamericana podría bajar. El dólar continúa devaluándose y el desempleo no tiene visos de disminuir, mientras otros países progresan. La reforma de salud, para dar cobertura a los pobres que no la tienen, ha sido objeto de agresivas denuncias.

Y eso no es todo. Lo peor es la banalización de la política, cuando se destinan horas y días para denunciar que el Presidente no habría nacido en Estados Unidos, forzándolo a salir a la opinión pública y mostrar su certificado de nacimiento. Se duda de sus credenciales académicas para haber ingresado a las Universidades de Columbia y de Harvard, con connotaciones racistas, pues presume una excepción por su color. Se duda de su religión y se le acusa de «radical», que en el lenguaje norteamericano es una postura marginal.

En un país de la envergadura de EE.UU., con su enorme responsabilidad internacional, y que enfrenta problemas sustanciales, a los ojos de un latinoamericano resulta sorprendente la irrelevancia del debate político, la falta de consenso elemental para asumir las tareas.

Los hechos recientes pueden cambiar comportamientos y permitir la ejecución de una política que Estados Unidos y el mundo necesitan: apurar el retiro de Irak y reducir tropas en Afganistán, apoyar los procesos democráticos en Oriente Medio, conseguir un buen acuerdo para reducir el déficit fiscal y volcar recursos mayores para incrementar la calidad de la educación, expandir la investigación científica y la infraestructura.

Este momento de reencuentro, este momento exitoso de la «guerra contra el terrorismo», puede pasar en pocas semanas o servir de base para generar un proceso que eleve la calidad de la política en EE.UU.

Publicado en El Mercurio (Chile), 05 de mayo de 2011


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