El Teatro del Lago

Publicado el miércoles 21, noviembre 2018

Publicado en El Mercurio

El Teatro del Lago ha sido una de las más exitosas iniciativas privadas para promover la cultura en Chile. Su nivel de calidad está entre los más altos de América Latina. El lugar donde se localiza, Frutillar, al borde del lago Llanquihue y con la majestuosa vista de los volcanes Osorno y Calbuco, es ya en sí mismo una atracción turística que mueve a visitar la zona e impulsar su desarrollo. Además, su diseño, salas y acústica son espectaculares.

Al festejar sus ocho años de construido, hace unos días, ha logrado presentar a la más afamada soprano del mundo, la búlgara Sonya Yoncheva, y a uno de los más brillantes arpistas, el francés Emmanuel Ceysson. Sonya calificó la acústica de «sublime». Todo esto sería suficiente para realzar esta iniciativa y provocar la emulación en otras regiones de Chile. De hecho hay otra iniciativa similar, aunque más pequeña, frente al lago Panguipulli, de otro grupo de empresarios que dice estar incorporando también a la comunidad.

Pero aún más importante que los programas musicales es la formación artística de jóvenes de todos los niveles socioeconómicos de la región. Las cifras son impresionantes. Desde su construcción, finalizada en 2010, han pasado más de 150 mil personas por cursos, talleres y programas de extensión; 5.600 alumnos han asistido a clases en la Escuela de las Artes, situada a pocos metros del Teatro. Además han recibido a 1.300 alumnos en la Escuela Instrumental, 1.000 en la Coral y 1.300 en la de Danza. Muchos de ellos han descubierto su vocación musical y luego han progresado notablemente.

Leandro Riquelme es el hijo de la dueña de un quiosco de diarios. Ha mostrado gran talento con el violonchelo, su vida ha cambiado para su alegría y la de su madre. Otro caso notable es Amalia Gimpel, hija de una familia de Osorno, quien a los 15 años acaba de ser la principal bailarina de ballet en la presentación de Coppelia, y ha logrado alcanzar un nivel de calidad superior, que la habilitará para surgir.

Porque la cultura no solo debe estar disponible para una élite, que es lo que ocurre normalmente. De hecho, en una encuesta realizada a fines del año 2017 a los asistentes a presentaciones del Teatro del Lago se encontró que el 50% tiene entre 40 y 70 años, y el 80% de esa cohorte tiene estudios universitarios. Quienes asisten son mayoritariamente personas de más edad y más educación. Es destacable entonces el esfuerzo de los líderes del Teatro del Lago por trascender a la élite, alcanzar a los sectores de menores ingresos y despertar su talento.

Además, es relevante mencionar el impacto económico en la zona. En un estudio recién encargado, que siguió la metodología de otros similares en Salzburgo y el Guggenheim en Bilbao, se ha detectado que el efecto multiplicador de las actividades vinculadas al teatro es cinco veces; por cada millón de dólares gastado directamente en el teatro y en sus actividades anexas se generan US$ 5 millones en restaurantes, hoteles, transporte, guías, artesanía. En otras palabras, promover el vínculo turismo-cultura tiene impacto en la pequeña y mediana empresa y en el empleo.

Esta iniciativa, que logra combinar belleza natural, vocación turística, cultura e inclusión social, desata un círculo virtuoso que impulsa el desarrollo de Chile.

Este ejemplo es un llamado para despertar la filantropía, tan escasa y adormecida en Chile, y es un estímulo para nuevos emprendimientos similares. Pocos empresarios grandes asumen responsabilidades sociales a favor de sus comunidades, y junto con ellas. Necesitamos también de un compromiso más activo del Estado. La cultura es educación, calidad de vida e inclusión social. Esta iniciativa impulsada por una familia chilena es un ejemplo del sector privado digno de rescatar.