Los progresos en Educación durante los gobiernos de la Concertación. Notas para contrarrestar afirmaciones que desconocen lo realizado

Publicado el jueves 16, junio 2011

Publicado en www.concerta2.com

Sobre esta base corresponde ahora emprender nuevas iniciativas para acelerar el paso, acortar distancia con los países desarrollados y generar más igualdad de oportunidades entre los jóvenes chilenos.

Desde 1990 el cambio ha sido sustancial, en cobertura y calidad, desde la preescolar hasta la universitaria. Al asumir el primer gobierno democrático, muchos niños llegaban a clases con hambre y difícilmente podían aprender. A través de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB) se organizó un sistema eficiente de desayunos y almuerzos, que se mantuvo en permanente expansión. Para muchas familias ésa era la alimentación principal del niño, y ese incentivo ayudó a disminuir la deserción escolar. En 1989 solo se entregaban 400.000 raciones al año y en 2010 alcanzo a 2.100.000, más de 5 veces. La extensión de la jornada escolar permitió aumentar las horas de enseñanza y favoreció especialmente a los niños de familias más pobres, proporcionándoles un ambiente de convivencia y estímulos intelectuales de los cuales estaban carentes en sus hogares. Han contado con mayor dedicación de sus maestros y las madres ganaron tiempo y tranquilidad para trabajar fuera del hogar. Se puso en marcha el más ambicioso programa de construcción de establecimientos educacionales, llegando a inaugurarse uno por día.

Se proveyó de computadores y luego se extendió la banda ancha, a través del programa Enlaces; se instalaron bibliotecas -primero en liceos y luego en escuelas primarias- y se incrementó de dos a quince millones la entrega de textos de estudio gratuito, entre 1990 y 2010. Los currículos fueron perfeccionados en base de las experiencias nacional e internacional, y los profesores recibieron más apoyo para prepararse y formarse. La elevación de los sueldos de los maestros y sus contrataciones por un mayor número de horas, les liberó de deambular por varios establecimientos para completar una renta decente. Las subvenciones se acrecentaron enormemente y se reforzaron con la ley de subvención escolar preferencial.

También la preocupación por la calidad se tradujo desde el primer momento en políticas nuevas. Entre ellas cabe recordar las 900 escuelas más vulnerables, en el gobierno de Aylwin, número que se acrecentó a mas establecimientos después, el proyecto Montegrande para mejorar la gestión de los establecimientos, la revisión de currículos de las pedagogías y los proyectos MECESUP, la ley de evaluación docente y la de concursabilidad de directores, la acreditación, primero voluntaria y luego obligatoria, por ley de las escuelas de pedagogía. Dichas escuelas de pedagogía recibieron nuevos recursos para innovar en sus currículos y ampliar su infraestructura, a través del programa MECESUP, y para otorgar becas, a fin de atraer a mejores estudiantes. Se fueron cerrando aquellos programas cortos orientados a la formación de profesores en 2 años.

Adicionalmente, se acrecentó la formación en servicio, particularmente en ciencias, matemáticas e inglés. Aumentaron las pasantías, cursos de especialización y capacitación de profesores en las asignaturas principales y educación diferencial. La crónica debilidad de la enseñanza de matemáticas -especialmente en 7º y 8º básico- se abordó con programas especiales de formación complementaria a los profesores. Lo mismo se hizo en ciencias y en pedagogía y tecnología a profesores de educación técnico profesional. El programa “Inglés abre puertas” tuvo amplia repercusión. Los profesores se recibieron nuevos cursos de perfeccionamiento.

La aprobación de la Reforma Constitucional que garantizó doce años de escolaridad obligatoria y gratuita, en 2003, acompañada de otra ley para incentivar la retención en secundaria; la universalización de kínder (con subvención pública) y, luego, del prekinder (en la ley de subvención escolar preferencial); la construcción masiva de salas cunas y el salto en cobertura preescolar (0-3 años) entre 2006 y 2010; fueron que elevaron los aprendizajes.

Los sucesivos gobiernos adicionaron nuevas mediciones. Se extendió el SIMCE (a 2 cada año) y Chile fue pionero en América Latina al incorporarse a PISA y TIMMS, además de UNESCO, y realizar evaluación del aprendizaje de inglés, con la Universidad de Cambridge, y de conocimientos de matemáticas de los profesores del ramo, con la Universidad de Michigan (“Breaking the Cycle. An International Comparison of US Mathematics Teacher´s Preparation”, Michigan State University, 2010). También se aplicó el examen INICIA a los alumnos que egresan de pedagogía. La evaluación docente se extendió cada año.

En 2007 el gobierno arribó a un acuerdo amplio que permitió la reforma de la LOCE y su reemplazo por la LGE, la creación de la Agencia de Calidad y de la Superintendencia de Educación, aprobadas estas últimas en 2011, logrando una reforma fundamental de la institucionalidad del sistema educacional escolar. A su vez envió un proyecto de ley para la reforma de la educación pública.

A partir de 2009 comenzaron a arribar buenas noticias. Las mediciones mostraron un despegue. Primero, el SIMCE de los 4°s básicos reveló un aumento de 6 a 7 puntos en matemáticas y en lectura, estadísticamente significativo que prosiguió en 2010. Segundo, el informe Mc Kinsey (“How theWorld´s Most Improved Systems Keep Getting Better”, 2010) destacó el ascenso del sistema educativo en Chile, que escaló desde “poor” a “fair” entre 2000 y 2005. Después de 2006, según ese estudio, el país estaba adoptando medidas para apuntar a la calificación “good”. Y, tercero, las pruebas PISA de la OCDE, entre jóvenes de 15 años, (“PISA 2009 Results: What Students Know and Can Do”, OECD, 2010) revelaron que Chile subió 40 puntos en lectura y adelantó en ciencias y matemáticas, entre 2000 y 2009, colocándose en primer lugar de América Latina.

En educación terciaria, técnica y universitaria, se aumentó el financiamiento (crédito con aval del Estado y becas) y se instaló la acreditación de las universidades. Gracias a estas acciones se ha logrado incrementar velozmente la cobertura y promover la mejoría de la calidad. La ampliación del financiamiento a la educación superior y su extensión a jóvenes de menores ingresos en universidades y centros de Formación Técnica (CFT). En postgrado, la creación del sistema Becas Chile está expandiendo aceleradamente el capital humano avanzado de Chile.

En cobertura el salto fue grande. Se disparó el número de alumnos que rindió la PSU, impulsado por el anhelo de avanzar y apoyado en las políticas de financiamiento. Evolucionó de 63.000 en 2001 a 170.000 en 2005 y 250.000 en 2010.
Entre 1990 y 2010, casi cuadruplicamos la matrícula en educación superior. Aún más vertiginoso ha sido el avance entre 2005 y 2010; entonces pasamos de 600.000 a un millón de estudiantes. Así, la cobertura para esa cohorte de 18 a 24 años alcanzó cerca del 40%. Y por vez primera los estudiantes de escuelas técnicas recibieron recursos públicos para financiar sus matrículas. La matricula se elevó en el periodo 2005-2010, y ese último año, por primera vez, ingresó igual número de jóvenes a carreras universitarias que a las técnicas.

Sobre esta base corresponde ahora emprender nuevas iniciativas para acelerar el paso, acortar distancia con los países desarrollados y generar más igualdad de oportunidades entre los jóvenes chilenos.


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