«No me cabe duda de que tras la primera vuelta se requiere un comando distinto”

Publicado el sábado 4, noviembre 2017

Publicado en La Tercera

Ex ministro y coordinador del comité político estratégico de Alejandro Guillier, asegura que el balotaje será “otra campaña”, lo que implica, a su juicio, una reconfiguración de los equipos. Además, identifica a la abstención como el principal adversario de la centroizquierda. “Tenemos que llamar a votar por quien sea”, dice.

A dos semanas de las elecciones, una de las figuras más cercanas a Alejandro Guillier, el ex ministro y coordinador del comité político estratégico de su campaña, Sergio Bitar (PPD), analiza la recta final de la carrera por La Moneda. El principal desafío de cara a la primera vuelta -dice- es contrarrestar la abstención y evitar las descalificaciones entre los abanderados del bloque para llegar unidos al balotaje. Asimismo, reconoce que “las cosas se podrían haber hecho mejor” y apunta a la reconfiguración del comando para segunda vuelta, justo en medio de la pugna interna en el guillierismo por la conducción y el rumbo que debe tomar la campaña.

De acuerdo con la última encuesta CEP, la suma en la intención de voto que logra Guillier junto a toda la centroizquierda y Beatriz Sánchez no alcanza a superar a Piñera en primera vuelta.

¿Cómo se puede contrarrestar ese escenario a estas alturas?

Hay que situar los problemas que enfrentamos, que son difíciles, en el cuadro de una evolución del progresismo a una tendencia a la dispersión y de una indiferencia también de muchos ciudadanos que normalmente votan por nosotros y que se encuentran en una postura de duda sobre si ir o no a votar. Y eso escapa a un candidato. Alejandro Guillier, a mi juicio, ha estado haciendo un esfuerzo descomunal. Sobre sus hombros, con lo que sabe y lo que no sabe, porque quién es perfecto, ha sostenido una campaña, una no primaria, dos candidaturas presidenciales en la centroizquierda, ha tenido que resistir también una alta desaprobación del gobierno y el debilitamiento de los partidos.

¿Pero cuáles son las perspectivas reales frente a un eventual balotaje? Guillier sigue estancado en los sondeos.

Está difícil, pero se puede ganar. Y nosotros no somos personas que estemos habituados a dar batallas fáciles, de rentabilidades altas, de negocios hechos, sino luchar por valores. Y esa dimensión hay que reforzarla más para llamar a la gente progresista a cumplir su papel y decirles: el que se queda en la casa está votando por Piñera. Ese es el principal adversario. Es Piñera, en términos de que aquí hay dos opciones de país, pero también es la abstención.

Pero más allá de la abstención, ¿cuál es la garantía hoy a 15 días de las elecciones de que esos indecisos voten por Guillier?

Llamar a votar tienen que hacerlo todos ¿Quién tiene el menor interés? Los que se quejaron cuando el gobierno lanzó su campaña, porque es gente de derecha que tiene todavía la cultura de Pinochet y de la democracia protegida. Mientras menos voten, mejor. Entonces, tenemos que llamar a votar por quien sea, y esa es la tarea número uno. Estoy seguro de que si se suma por un lado a Piñera y a Kast y por otro a toda la gente de la centroizquierda, las cifras van a andar muy cerca.

¿Y cómo se logra eso?

¿Qué es lo que nos daña hoy día? Las disputas en el espacio de la centroizquierda. Yo, por ejemplo, veo a personas que naturalmente aprecio, como Carolina Goic, y que conozco, como ME-O, que se dedican a atacar a Guillier. Y qué dice una persona de centroizquierda: ¿cómo voy a votar por esta gente si se pelean entre ellos? Entonces, yo me pregunto: ¿es que Carolina o ME-O piensan que atacando a Guillier lo debilitan y con ello aumentan un punto o dos puntos, pero el conjunto no aumenta nada? Mi respuesta es no. Cuando tú haces eso, ni tú ganas ni el conjunto gana.

¿Y cómo se corrige este clima?

Debiera haber una actitud más visionaria en ese sentido. Y yo apelo a tener una conducta entre nosotros de que cada uno busque sus votos, defienda lo que tiene sin atacar al otro. Yo no puedo dejar de lado mi compromiso histórico, yo he estado en esto desde la lucha contra la dictadura y creo que este es el mejor camino para Chile. A muchos de mis amigos los veo indiferentes, y qué quieren hacer, mirar desde la ventana o jugársela para que las cosas sean mejor. Yo apoyo esta opción y espero con firmeza que el resto de la gente nuestra recapacite en las próximas dos semanas.

Pero Goic ha insistido en tomar distancia de Guillier. Lo cuestionó por sus firmas, luego lo acusó de estar cooptado por el PC y ahora le enrostra que sin programa no hay acuerdo posible. ¿Cómo se construye, entonces?

Ya vendrá la segunda vuelta. Pero ahora hablemos de la primera. La primera requiere de una visión menos individualista y antagonista de parte de todos. Francamente, si tú comparas las declaraciones de todos los candidatos, ¿quién es el menos agresivo? Es Alejandro Guillier. Bueno, por carácter, pero también porque si eres el que pasa a la segunda vuelta cómo vas a andar agrediendo a los que quieres que vengan contigo y al electorado tuyo. Un punto clave en la segunda vuelta es reforzar que Guillier es lo nuevo, es un proyecto que se va a renovar, pero él es una persona nueva y Piñera es más de lo mismo. Ha estado en el gobierno, y muchas cosas que dice que va a hacer ya no las hizo o las hizo mal. Esa es la tarea de la política: poner eso sobre la mesa y no llorar sino que trabajar. Creo que aquí no ha habido suficiente eficacia en la acción, no solo por las personas sino que por razones más amplias, y eso se puede ir reparando y se está reparando.

Hay un diagnóstico compartido en el oficialismo de que los equipos que conformó el candidato no han estado a la altura. De hecho, algunos atribuyen a eso el que hoy Guillier siga lejos del primer lugar en esta primera vuelta…

No sabemos cuán lejos está, y los que hemos luchado durante tantos años no tiramos la esponja y la toalla. Aquí uno defiende un proyecto, defiende sus valores, defiende lo que se hizo desde Frei Montalva, pasando por Allende, Aylwin, Lagos y Bachelet. ¿Entonces, confiamos en que los ciudadanos valoran eso? Yo confío, y por eso hay que dar a conocer, hay que trabajar y hay que proyectar. Está difícil, pero se puede ganar.

Pero le hablo del rol del comando.

Qué saco yo con ponerme a analizar lo que hizo el comando a 15 días de la elección. Yo creo que se ha hecho un buen trabajo. Por cierto, se podría haber hecho mejor y se está haciendo hoy un esfuerzo mayor. Pero el drama aquí es una indiferencia de dirigentes políticos que debieran estar más activos. Luego, es una realidad de la que tampoco podemos culpar ni al comando ni al candidato: el que los partidos están bastante débiles. A mí no me cabe duda de que todos los ministros, todos los subsecretarios, todos los equipos de gobierno, intendentes, seremis, van a confluir en una fuerza el 20 de noviembre. No tengo duda de que los ex presidentes Frei y Lagos van a pararse frente a Piñera y le van a decir: ‘señor, usted no es el quinto presidente de la Concertación, no venga usted a vestirse con lo que no es, no venga usted a vestirse con lo que sus fuerzas políticas rechazaron siempre’.

¿Se le ha notado a Guillier la falta de experiencia política?

Alejandro es una persona como la gran mayoría de los chilenos. No viene del ejercicio de la política a través de los partidos. ¿Es ese un defecto cuando toda la ciudadanía dice ‘quiero cosas nuevas’? Yo creo que no. Él aporta algo muy nuevo. Ahora, eso ha llevado, especialmente al inicio, a un desajuste entre la forma en que los partidos tradicionalmente ven que hay que hacer las cosas y las convicciones que el candidato tenía. Aun cuando uno pueda decir que Lagos tiene muchas más capacidades de gobernar, yo veo, siendo amigo de ambos y con Lagos mucho más larga la amistad, el aprecio y la admiración como líder, que Guillier ha ido aprendiendo mucho.

Precisamente, el rol de Lagos ha reflotado esa tensión que se dio en un inicio. En el comando hay personas que no están seguras de que su figura pueda ser un aporte.

Primero, dejemos esto en manos de Lagos y de Frei. Conozco muy bien a los dos, confío en ellos dos y sé que en el momento que corresponda van a jugársela por lo que siempre se han jugado. Y en lo específico, sé que hay distintas apreciaciones, pero no cabe duda de que le da contundencia a un proyecto político de futuro la presencia no solo de Lagos sino lo que representa su sector como capacidad intelectual, creatividad, visión nacional y mundial.

En 1999, cuando quedaba un mes para la primera vuelta entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín, ya se había definido una estrategia para enfrentar la segunda vuelta. ¿Existe ya ese diseño en el caso de Guillier?

La dificultad en ese momento es que fue la única elección desde el 89 hasta ahora en que no hubo simultaneidad con la parlamentaria. Entonces, no contamos con la fuerza de la base social, y por eso el resultado, en parte, fue tan estrecho con Lavín, pero éramos una sola fuerza y los programas se venían discutiendo de mucho antes y queríamos darle continuidad a las grandes obras de Aylwin y Frei. Por lo tanto, estábamos en línea, perfectamente ordenados. Entonces, Lagos tuvo eso detrás, como lo tuvo Michelle Bachelet después, e incluso con Frei cuando no logramos ganar. Hoy tenemos dos candidatos presidenciales, una dispersión en la centroizquierda y un Frente Amplio que no sabemos lo que significa. Eso no ocurría antes de la misma manera. Por lo tanto, ahora sin duda es más complejo.

¿Y se tiene alguna luz sobre ese diseño?

Si tú tomas los programas de cada uno vas a ver que hay grados de coincidencia altos. O sea, ya están puestas las cosas sobre la mesa y la gente que está trabajando en eso sabe cuáles son esas coincidencias. Pero hoy no es el momento de sentarse a conversar, y ya hemos visto que nadie quiere hacerlo, porque en la medida que tú lo hagas y no tienes chance de llegar a la segunda vuelta, en el fondo lo que estás haciendo es cediendo tu campaña. Y eso no lo va a hacer nadie.

¿Y cómo vislumbra el futuro de la centroizquierda? ¿Una nueva coalición?

Creo que con lo que está en los programas, lo que se ha dicho, la historia de lo que hemos hecho, hay bases para ser optimistas. Pero eso se va a ver con otros ojos el 19 en la noche y el 20 en la mañana. Esos momentos son muy importantes, porque la gente se enfrenta a otra realidad.

Hay quienes dicen que la segunda vuelta es una nueva campaña. ¿Usted cree que deberían hacer cambios sustanciales en los equipos?

El día posterior a la elección tendrá otra luz, otros dilemas, otros desafíos. Y eso significa que es otra campaña. ¿Cómo va a ser igual una campaña con ocho que una campaña con dos? Entonces, ahí tú vas a confiar en que la gente que votó por el candidato a, b o c, de izquierda o centroizquierda, va a decir ‘si me quedo en la casa, gana Piñera, pero mi dirigente quiere hacer un plebiscito en un mes más, o sea, no quiere nada y yo no le hago caso’. Es lo más probable que ocurra. Obviamente, los nuevos equipos tienen que integrar a gente de otras fuerzas políticas y, por lo tanto, el candidato tendrá que decidir y que tales personas de otros partidos se incorporen a un comando nuevo. No me cabe duda de que tras la primera vuelta se requiere un comando distinto. Pero ese no es el tema de hoy.

Desde el Frente Amplio han señalado que se requiere de una autocrítica de la Nueva Mayoría para sentarse a conversar.

Se han hecho autocríticas, los propios partidos de la Nueva Mayoría dijeron ‘¿qué no hicimos bien que se levantó la ciudadanía contra Piñera?’. Piñera fue un gatillo, y al ser tan contrario, a pesar de que se quiere vestir como el quinto candidato de la Concertación, la gente se le fue encima. El movimiento estudiantil nació ahí. Y la lectura que hicimos, y tal vez se nos pasó la mano en pensar que teníamos que hacer transformaciones muchísimo más grandes para que no vuelva a ocurrir aquello. Pero proponer desde el Frente Amplio, por ejemplo, que nacionalicemos empresas, eso es descabellado. Entonces, yo supongo que eso representa una minoría que quiere crear una barrera para entendernos.

¿Y ve voluntad de acuerdo a pesar de esas distancias que usted mismo marca?

Lo primero es preguntarse qué es el Frente Amplio. Una cosa es RD. ¿Es lo mismo que los Humanistas, que los Ecologistas, que Poder? Hay gente que está allí que, más bien, pertenece a la filosofía de los indignados, que son personas que no quieren nada con nadie y que hacen alarde de ser minoría para poder criticarlo todo y que nunca han querido ser mayoría. Son distintas visiones las que hay ahí. ¿Va a durar? Las elecciones lo van a decir. No nos apresuremos y tengamos la mente amplia con buena disposición y sin descalificar. A mi juicio, en el Frente Amplio hay una cantidad importante de líderes jóvenes que yo me los habría querido para un PPD más potente. Creo que un PPD con esa gente sería completamente distinto hoy, pero quién sabe si las cosas se dan mañana buscando otras coordinaciones, otras coaliciones. Hay que estar abiertos.

¿Fue un error la confusión que se instaló respecto de la supuesta indefinición programática de Guillier?

Yo espero que esta alharaca que se armó con las palabras despierte el interés por leer el programa. Porque uno entrega un programa como un hecho político de que sabe lo que hay que hacer. El programa que existe y que se va a entregar el martes próximo es un programa sólido y tiene visión.

¿No está de acuerdo, entonces, con la visión del comando de que esto podría dificultar un acuerdo con la centroizquierda?

Para nada, porque cada uno está aportando lo suyo. En el terreno de buscar acuerdos, los programas son absolutamente fundamentales. Yo nunca dejaría que esto se pierda, porque eso da lugar al populismo y al autoritarismo de que alguien venga y diga ‘yo lo arreglo solo’, como lo ha hecho Donald Trump.