Chile y sus movilizaciones: ¿Por qué?

Publicado el martes 13, septiembre 2011

Publicado en Infolatam

Luego del primer año de gobierno de Piñera (2010), que tuvo cierta tranquilidad social, comenzó un proceso de movilización de gran intensidad. Inicialmente se manifestó rechazando la construcción de represas en la Patagonia y luego adquirió inusitada amplitud en el tema educacional, especialmente educación superior.

¿Cómo explicar las amplias movilizaciones sociales? ¿Qué responsabilidad recae en el gobierno? O existe una causa más profunda? Este es el centro de un debate político de proporciones en Chile. Mi juicio es que, más allá de la evidente ineptitud del gobierno de Pinera, las causas responden a un proceso más profundo. Es la expresión de una crisis de expansión de la sociedad chilena. En las dos últimas décadas de gobiernos democráticos se ha desarrollado una amplia clase media, con niveles de ingreso más altos, sin miedo, consciente de sus derechos. Chile progreso en todos los frentes: conciencia ciudadana, crecimiento económico, protección social y avance institucional. Pero lo hizo a distintas velocidades en cada uno de esos cuatro frentes.

En el primero se fue más rápido que en el ultimo, generándose una fuerte tensión entre un sistema político estrecho (heredado de la dictadura y muy difícil de reformar por la oposición de la derecha) y una ciudadanía más empoderada. También se logró más desarrollo en conciencia y crecimiento que en la reducción de la desigualdad. Aunque se lograron importantes progresos en la disminución de la pobreza, y hubo más inclusión gracias a las reformas educacional, de salud, de justicia, de vivienda y de previsión, las diferencias son grandes, las barreras a la integración social subsisten y hay aún una débil movilidad social.

Chile debe y puede dar pasos más audaces, hacia la participación y la igualdad,para ingresar una etapa más avanzada de su desarrollo.

De allí surge, en esta nueva etapa, una fuerte demanda por más participación política y más igualdad económica y social. La institucionalidad política ha quedado estrecha para el desarrollo alcanzado por la sociedad civil. Urge, por tanto, una reforma institucional mayor, de lo contrario se acentuará la deslegitimación de los partidos y se arriesgará la exitosa gobernabilidad que ha exhibido Chile. La reforma del sistema electoral es esencial. Por otro lado, es esencial acelerar las medidas y reformas que reduzcan la desigualdad y los abusos de los proveedores de bienes y servicios esenciales, en manos de grandes empresas, y se acreciente la insuficiente regulación estatal.

La educación superior galvanizó estos sentimientos. Dos puntos fundamentales han impulsado la acción de vastos sectores socciales: a) la demanda de un mayor financiamiento público, que el Estado financie con más recursos el costo de los estudios terciarios y b) que el Estado fortalezca la educación pública, asuma un rol conductor en educación, dejando de lado el concepto de estado subsidiario. Respecto del primer punto, Chile ha tenido una fuerte expansión de la cobertura en educación superior, especialmente en los últimos 6 años ( paso de 600.000 a más de un millón de estudiantes), superando el 40% de la cohorte de 18 a 25 años, la más altas de America Latina. Pero esta expansión no ha ido acompañada de una mayor contribución fiscal, recayendo un peso desmedido en las familias y en los futuros profesionales.

Una parte de la solución de esta crisis es que el gobierno realice una pronta y sustantiva expansión de esos recursos, la sustitución de créditos por becas, subsidio a los intereses, control del costo de las matriculas (aranceles). Respecto del segundo punto, si bien el sistema escolar se ha expandido y ha mejorado en calidad (en las pruebas PISA de OCDE, 2010, Chile se ubica en el primer lugar entre los latinoamericanos) posee un fuerte sesgo privatizador, en perjuicio de la educación pública, que acoge a la gran mayoría de los niños de menores ingresos. Existe una fuerte demanda por un rol del Estado más activo y la defensa de la calidad de la educación pública.

La ineficiencia del gobierno para reaccionar, dialogar y resolver, y su oposición al espíritu de estas reformas ha exacerbado esta tensión. La oposición, a su vez, debe mejorar para cumplir un papel más fuerte en el Congreso para la aprobación de estos cambios.

Estas manifestaciones sociales y la presión por nuevas reformas emergen generalmente en sociedades en desarrollo, con más expectativas y posibilidades, no en sociedades en declinación. La generación estudiantil que encabeza estos movimientos es la mejor preparada y con más inquietud política que Chile ha tenido desde la dictadura. Es hija de la democracia.

Pienso que Chile debe y puede dar pasos más audaces, hacia la participación y la igualdad,para ingresar una etapa más avanzada de su desarrollo. Requerirá de cambios que trascienden la educación, una nueva constitución y una nueva estructura tributaria. Si se hacen los cambios indispensables, se puede abrir un nuevo periodo de progreso democrático, con más participación, más igualdad y una educación más potente.

INFOLATAM
Santiago, 13 de septiembre de 2011
Por Sergio Bitar


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