Cobre, una nueva oportunidad

Publicado el miércoles 29, marzo 2017

Publicado en El Mercurio

Sergio Bitar e Iván Valenzuela: «Una nueva visión debería mantener la participación de Chile en torno al 30% de la producción cuprera mundial, con costos más bajos que los actuales. Esto significaría aumentar la producción de cobre en 120 mil toneladas cada año…».

Más allá de los altibajos del precio del cobre, Chile debe explorar los escenarios futuros derivados de las transformaciones tecnológicas y aprovechar a tiempo las nuevas oportunidades. La pregunta es si somos capaces de anticiparnos y satisfacer parte de la demanda de nuevos usos y procesos.

El cobre está siendo protagonista de una de las mayores revoluciones tecnológicas a nivel mundial, como consecuencia de las transformaciones en la generación de energía eléctrica. Esta revolución está siendo impulsada también por la creciente conciencia global de reducir las emisiones de CO {-2} y cumplir las metas del Desarrollo Sustentable (París 2016).

El consumo de energía es responsable de al menos dos tercios de las emisiones de efecto invernadero, por lo que combustibles más limpios y eficientes son necesarios. Las energías renovables podrían pasar de 4% a 36% de la generación eléctrica en 2040, gracias a la disminución de costos, a cambios en el mercado de la energía e incrementos en los costos de los combustibles fósiles.

La generación de electricidad con fuentes renovables, la masificación de los automóviles eléctricos, la digitalización de todas las actividades y la demanda de la emergente clase media de China y Asia provocarán un alto consumo de electricidad en las próximas décadas, y con ello acrecentarán la demanda de cobre.

Algunos ejemplos son bien ilustrativos. Un MW generado con energía solar y eólica requiere 2,5 y 5 ton de cobre, respectivamente, comparado con 1 ton por MW con energía convencional. En cuanto a la propagación de autos eléctricos, se estima que la producción alcanzará a 10% del total del parque en 2035. Un auto eléctrico requiere 80 kg de cobre, cuatro veces más que un vehículo convencional. En base a estos datos hay estudios que estiman que la demanda de cobre se duplicará en 2050 en relación con 2010.

Esta realidad genera un nuevo desafío. Las reservas de cobre se agotarían hacia 2050 si no se ejecutan sustanciales inversiones en exploración. ¿Cómo producir la cantidad de cobre requerido por el crecimiento de la economía mundial? Chile debe realizar un importante esfuerzo para elevar su producción y mantener su participación de mercado actual del orden del 30%. Pero esto es solo una parte del desafío.

En efecto, tal esfuerzo productivo sería muy poco innovador si en el país prevalece una política rentista y se continúa exportando principalmente concentrados. El nuevo desafío es invertir, además de la minería, en los negocios energéticos más rentables del futuro. Se trata de llevar a cabo una estrategia integrada, que incorpore nuevas actividades productivas ligadas a la energía solar, al cobre, al litio y al hidrógeno.

Una nueva visión debería:

1. Mantener la participación de Chile en torno al 30 % de la producción cuprera mundial, con costos más bajos que los actuales. Esta meta significaría aumentar la producción de cobre en 120 mil toneladas cada año y mejorar sustancialmente la productividad con nuevas tecnologías. Es imperativo usar eficientemente la energía, expandir la utilización de las renovables e involucrarse en los desarrollos de potenciales sustitutos del cobre, como el grafeno.

2. Incorporarnos al negocio de la energía renovable y al complejo industrial eléctrico, abasteciendo de cobre «limpio» (baja emisión en su producción), elaborando parte de los productos de cobre necesarios para autos, plantas eléctricas, sensores y equipos de comunicación, internet de las cosas y baterías. Se requiere elevar la capacidad propia de investigación y producción, y configurar alianzas con empresas extranjeras para integrarnos a cadenas de valor globales.

3. Crear nuevas asociaciones público-privadas, como el Centro Solar Minero, que prefigura nuevas formas de desarrollo productivo. En esta perspectiva, sol, cobre y litio forman parte integral de una política energética, tecnológica e industrial que, de la mano con la formación técnica, el desarrollo de redes digitales de fibra óptica y manejo de «big data», conforman una constelación de factores productivos que Chile nunca antes ha tenido.

El mundo avanza rápido y la competencia es fuerte. Entraremos en una nueva fase. Podemos ocupar parte de este nuevo espacio si actuamos a tiempo y con un amplio acuerdo nacional.

Sergio Bitar
Iván Valenzuela R.
Director del Centro de Estudios de Cobre y la Minera (Cesco)