Escuchemos al Papa

Publicado el sábado 6, enero 2018

Publicado en El Mercurio

Hace 30 años, recién regresado del exilio, me sentí conmovido y potenciado con la visita del Papa Juan Pablo II. Revitalizó el espíritu de libertad y democracia de los chilenos. Hoy, como progresista, en medio de un debate profundo que se inicia sobre el futuro de Chile, también estaré atento a lo que señale el Papa Francisco. Seguramente motivará una reflexión seria a lo menos en tres grandes temas: la desigualdad y la solidaridad; el cuidado de la naturaleza (expuesto magistralmente en la encíclica Laudato si’ ), y la convivencia en La Araucanía, con justicia y respeto a los pueblos originarios.

Leyendo el último número de la revista Mensaje, me sorprendió el contraste entre la profundidad de las enseñanzas del Papa atingentes a los riesgos futuros de la humanidad y del Chile actual, y la escasa importancia otorgada a su visita por parte de dirigentes políticos. Se podría atribuir a las elecciones presidenciales. Y también a cierta indiferencia por el deterioro de la imagen de la Iglesia Católica. Como revelan distintos estudios, la confianza en la Iglesia Católica declinó de 60% en 1966 a 40% en 2017. Igualmente, la confianza en los sacerdotes bajó de 35% en 2004 a 20% en 2017. Su alejamiento de los problemas actuales de tantos chilenos y chilenas y los casos de abusos sexuales pueden explicar en parte esa indiferencia.

Gran diferencia con la Iglesia que halló Juan Pablo II. Entonces se luchaba contra la dictadura, por la libertad, por los derechos humanos y dominaba aún la personalidad impresionante del cardenal Silva Henríquez, junto a la Vicaría de la Solidaridad. Chile estaba ávido de un apoyo espiritual. Esos momentos descollantes quedaron atrás, luego vimos nombramientos de numerosos obispos conservadores y el alejamiento de muchos personeros de la Iglesia de los temas sociales, para enfatizar los sexuales.

Pero las cosas están cambiando. Así lo revela el Amoris laetitia cuando, en alusión a la mentalidad moralista conservadora, expresa «estamos llamados a formar conciencias, no a sustituirlas». O cuando pide a sus sacerdotes ser «pastores con olor a oveja». Volviendo al terreno laico, pues la Iglesia se ocupará de sus temas, nos importa escuchar a un Papa renovador que transmite un discurso contundente y valiente para referirse a los dilemas que agobian a la humanidad y a nuestra sociedad, como son el consumismo, la precariedad, la soledad y el temor, los riesgos de guerra, la violencia y la destrucción de la naturaleza. Sabemos que Chile requiere más cohesión, inclusión e igualdad, que requiere un Estado con capacidad para garantizar los derechos sociales, fortalecer una conciencia social e instituciones que conduzcan a una sociedad de derechos con responsabilidad colectiva, no a una sociedad de mercado con responsabilidad puramente individual.

Necesitamos una sociedad que cuide el medio ambiente y defienda la diversidad, que promueva el desarrollo científico y la educación, evitando la concentración y el enriquecimiento de una minoría.

Francisco puede sensibilizar el espíritu de cada ciudadano, para que nos comprometamos con lo que nos es común, contengamos la obsesión del consumo como forma de realización personal, y reduzcamos el individualismo y la incertidumbre que generan temor e indefensión. El Papa puede despertar con su ejemplo el espíritu de colaboración e igualdad cuando predica combatir «la globalización de la indiferencia», «la cultura del descarte» de los excluidos, la concentración del poder y la riqueza. Su presencia en Chile puede inspirar a quienes trabajan por la ampliación de la democracia, de los derechos humanos y de la justicia. Oírlo y actuar en consecuencia contribuye a derrotar los males de nuestra época y nos estimula a promover esos valores y realizar los cambios sociales y políticos necesarios para vivir en una sociedad mejor.