La responsabilidad del último (?) gabinete

Publicado el sábado 19, noviembre 2016

Publicado en La Tercera

MÁS QUE discutir si este cambio de gabinete fue o no relevante, debemos medirlo por su capacidad de facilitar y no obstruir la tarea de echar las bases de un proyecto progresista de futuro. El desafío de Chile se sitúa desde ahora en la campaña presidencial y se juega en los liderazgos y equipos capaces de elaborar un programa con la ciudadanía. La situación actual es delicada. El gobierno tiene una muy baja aprobación, la Nueva Mayoría muestra tensiones que la debilitan ante la gente. El individualismo a ratos prevalece sobre la unidad, y algunos ilusos creen que triunfarán jugando al solitario.

Los liderazgos y los políticos serios tienen ahora la responsabilidad de revertir esta situación.

La tarea del gobierno es mostrar resultados. Tres deben ser los criterios que orienten su acción. Primero focalizar la labor legislativa, seleccionando solo algunos proyectos prioritarios y hacerlo con los partidos y las bancadas para lograr el máximo acuerdo. Ampliar el número de proyectos dispersará las energías y no cambiará la percepción ciudadana del gobierno. Entre los temas prioritarios debe despejarse el proyecto de ley de educación superior, hoy bloqueado. A mi juicio es conveniente separarlo y aprobar al menos la Superintendencia y la nueva Agencia de Calidad, dos mecanismos institucionales fundamentales para reforzar la capacidad de regulación del Estado. También en salud pública y poder regional. Segundo, concentrarse en la calidad de la gestión y mostrar resultados.

Con los ministros en terreno, fiscalizando y mostrando hospitales, atención primaria, salas cunas, escuelas públicas mejoradas, pavimentaciones, obras de infraestructura, viviendas y parques que favorecen a las familias más modestas, se podrá obtener comprensión y mayor respaldo. Igualmente, cada intendente debe revisar los compromisos pendientes, apurar el tranco, terminar las obras, explicar a la ciudadanía lo que se hace y lo que no se ha hecho. Tercero, evitar nuevos errores que neutralicen los aciertos.

El cuadro actual no es favorable para Chile. Una dispersión de la centroizquierda puede generar un curso hacia la mediocridad. Abrir paso a un gobierno de derecha, cuando se cuestiona a diario la simbiosis de negocios privados e intereses públicos, ahondaría el problema. Por lo tanto, la mayor responsabilidad política recae en quienes comparten el pensamiento progresista. La tarea clave es concentrar energía en sembrar ahora las ideas de un gran proyecto de futuro, con diálogos ciudadanos, acuerdos estratégicos y equipos sólidos de jóvenes con capacidad técnica y política de gobernar. Y con esa meta encaminarnos a las primarias.

El sendero es estrecho: apoyar las reformas del gobierno y a su vez corregirlas, relevar lo hecho y asumir lo pendiente, respaldar a la Presidenta y exigir mejoría. Ello requiere compromiso, vocación e inteligencia. No hay otro camino. No hacerlo sería dispersar a la centroizquierda, dejándola sin proyecto y sin coalición mayoritaria. Esperar encuestas, sin visión ni convicción, es pan para hoy y hambre para mañana. Con proyecto de futuro y unidad se puede ganar la elección presidencial y gobernar mejor, y si se pierde, por lo menos Chile tendrá una oposición con una propuesta alternativa del país que queremos.