Mando de mujer

Publicado el jueves 13, marzo 2014

Publicado en El Pulso, 13 de marzo de 2014
Tenemos una tremenda oportunidad que depende de todos. No será fácil. Pero seamos capaces de distinguir  las enormes posibilidades del momento actual de las dificultades inevitables de gobernar. No transformemos anticipadamente esas dificultades en ánimo derrotista, sino en voluntad de hacerlo bien. La oportunidad no visita a los pesimistas, viene con el optimismo.

Los periodos históricos promisorios son aquellos cuando el pueblo traza un camino y elige un gobierno que representa sus anhelos y expresa sus valores. Este es uno de ellos. A medida que el país se ha desarrollado, ha salido de la pobreza y se han expandido sus sectores medios, los chilenos buscan romper las barreras elitistas, el espíritu de clase, la concentración del poder, la discriminación por etnia, género, o grupo socio económico. Ha emergido una sociedad de derechos e impera un ánimo de inclusión, que este mando de mujer encarna bien. También, es parte de nuestra cultura política que estos cambios se aceleren, que se realicen en paz, gradualmente, sin disrupciones. Valoramos la gobernabilidad y las instituciones. Estos anhelos están recogidos en un programa de gobierno de la presidenta Bachelet que busca más igualdad, más participación y más innovación.

Estas aspiraciones también representan el sentir de América Latina, de la cual somos parte consustancial. Y con esos pueblos hermanos deberemos compartir experiencias y mostrar que este camino es posible para nosotros y para toda la región.

Se nos abre esta oportunidad en circunstancias muy propicias. El liderazgo de la presidenta es potente y distinto, más horizontal, más consultativo, más inclusivo y cercano. Genera credibilidad y confianza. La Nueva Mayoría es la coalición política más amplia de la historia, y a ella el pueblo le ha otorgado la mayoría en ambas cámaras. El país cuenta con personas de gran experiencia para gobernar, capaces de respaldar advertir y corregir. La sociedad civil muestra vitalidad y creatividad. Nuestras instituciones, a pesar de sus falencias, constituyen una base para avanzar y reformar. La economía funciona y crece. Partimos de un nivel de ingresos cercano a los US$20.000 per cápita.  No estamos en crisis y, por tanto, podemos acometer tareas mayores, indispensables para prevenir conflictos sociales que podrían a futuro configurar una crisis, si no actuamos a tiempo. Las palabras del presidente Mujica de Uruguay, al salir de la transmisión del mando fueron simples y sabias: «Cuiden lo que tienen, cuiden lo que tienen».

El programa de gobierno se adentra en el nuevo camino trazado por el pueblo de Chile y ataca tres frentes claves: primero, mejorar las instituciones (sistema electoral, nueva constitución) para que representen más cabalmente a la ciudadanía, se amplíen las formas de participación, y juntos podamos plasmar un nuevo pacto político y social del siglo 21; segundo, nivelar la cancha (reforma tributaria, provisión de bienes públicos, más solidaridad social) para desplegar y aprovechar el talento de todos, sin exclusión y, tercero, levantar la calidad de nuestros recursos humanos (reforma educacional, productividad, innovación, tecnología) para competir y progresar en el mundo que viene.

Gobernar se ha tornado cada vez más complejo en todo el mundo. La sociedad está más empoderada, cuenta con más información y capacidad de organización, no es la misma de antes. Los resultados en Chile dependerán de numerosas variables, de la capacidad político-técnica del Ejecutivo y de la acción y actitud de las organizaciones políticas, sociales y empresariales. La economía está sujeta a vaivenes externos que no controlamos y, de hecho, se ha desacelerado en el último año del gobierno de Piñera, limitando los rangos de holgura fiscal, hay eventos inesperados, los cambios tecnológicos, financieros, de seguridad  son difíciles de prever. Gobernar requiere también una narrativa, una visión, hacia donde caminamos. Porque no todo se podrá realizar en 4 años. Solo una parte. Pero esa parte debe estar dotada de una dirección, de un sentido perceptible por la ciudadanía. Esa es una tarea principal del gobierno para proyectar las expectativas y conducir las energías. Mandela expresaba: «Una visión sin acción es un sueño, una acción sin visión es tiempo perdido, solo la visión con acción cambia las cosas». Chile no tiene institucionalidad para pensar futuro. Urge hacerlo.

Estamos en un momento promisorio, pero  el recorrido será arduo. ¿De qué depende el éxito?  Primero, del grado de unidad de la Nueva Mayoría y de la calidad de la gestión de los partidos políticos. Habrá riesgos de disputa y conflicto si ésta no se alinea con el programa. Ante una oposición débil habrá voces más radicales, siempre es más fácil jugar al duro, y habrá que mantener el foco en las coincidencias y la unidad. Segundo, de la evolución de la oposición, que vive momentos de disgregación. Podrá reagruparse o dividirse más. Habrá quienes empujen a una postura cerrada, otros al diálogo. Dependerá del gobierno y su coalición saber explorar los acuerdos, sin caer en la pretensión de excluir. Los cambios, para ser profundos y estables deben contar con apoyos que van más allá de la NM. Tercero, del diálogo con los movimientos sociales, para  incorporarlos y dar vitalidad a las organizaciones de la sociedad civil, pero encarando a los maximalistas y anarquistas, que emergen con más fuerza en los periodos de cambio y suelen ser más hostiles con la centro izquierda. Cuarto, del mundo empresarial, esperando que prevalezcan los lúcidos que entienden los problemas nacionales de desigualdad, exclusión y baja productividad, y no aquéllos que se enclaustran en la defensa de intereses inmediatos y se atienen a ideologismos superados. Y por cierto, el más importante, del ejercicio de liderazgo de la presidenta para impulsar, convocar , explicar, manejar las expectativas, y de la capacidad de su equipo de gobierno de actuar con eficacia, relacionarse fluidamente con el parlamento y las organizaciones sociales, tarea altamente exigente. A ella hay que prestar todo el respaldo.

Tenemos una tremenda oportunidad que depende de todos. No será fácil. Pero seamos capaces de distinguir  las enormes posibilidades del momento actual de las dificultades inevitables de gobernar. No transformemos anticipadamente esas dificultades en ánimo derrotista, sino en voluntad de hacerlo bien. La oportunidad no visita a los pesimistas, viene con el optimismo.


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